Románico e Islámico en Marcén y Fraella

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Dominical Diario del AltoAragón

Románico e Islámico en Marcén y Fraella

Julio ALVIRA

02/01/2005

HUESCA.- Al pie de la denominada Serreta, donde se mezclan descarnados torrollones con tierras de regadío, se encuentran localidades como Fraella y Marcén, nuestros destinos de hoy. Podemos tomar como punto de inicio la localidad de Grañén. Si venimos de Huesca hay que ir con cuidado porque a carretera está en obras.

Un desvío señalizado nos pone en camino. En ambos lugares destacará su iglesia parroquial, románica, y el caserío urbano con edificios modificados y actualizados según las posibilidades de sus propietarios. En cualquier caso, uno de los principales atractivos será el paisaje. Pero hay algo más. Comenzaremos por Marcén.

Un cerro rocoso que hay junto al pueblo, detrás de la iglesia, alberga en su parte superior un yacimiento arqueológico de época islámica. Se denomina “Las Sillas” o “Las Cías”. Fue excavado por vez primera en 1987, tras una primera prospección el año anterior. El trabajo corrió a cargo de Carlos Esco y Philippe Sénac. Los trabajos han seguido posteriormente y poco a poco se extrae del terreno lo que fue un poblamiento humano islámico ocupado, según los citados autores, entre los siglos X y XI.

Antonio Ubieto recoge la existencia de un señor cristiano en la localidad en 1102. Cristóbal Guitart relaciona con la presencia de este tenente la existencia de un castillo en Marcen, del que serian restos los sillares de piedra “situados en la zona más estratégica de la cresta” sobre la que se levanta actualmente la iglesia. Adolfo Castán añade que componen un “buen aparejo” asignable al siglo XII.

El templo parroquial está dedicado a San Pedro. Según Guitart, es una iglesia “tardorrománica, de sobria traza y con ábside poligonal que interiormente es semicircular, cubriéndose la nave por bóveda de cañón apuntado”. El templo, en la nave sobre la que está situada la portada, tiene una espadaña que sale del suelo y se eleva en su coronación sobre la cubierta del templo. Antonio Naval incluye en su libro sobre el patrimonio emigrado unas tablas que, procedentes de Marcén, están presumiblemente en Estados Unidos. Representan a San Pedro, San Miguel y Santa Engracia y serían obra atribuida a Juan de la Abadía.

Adolfo Castán indica que la nave se elevó en altura en el siglo XVI y que se colocó un atrio delante de la portada en 1807. Este atrio no está ahora. Cabe suponer que unas piedras circulares que hay allí mismo formaran el fuste de las columnas que sustentarían el indicado atrio. En una de ellas hay grabada levemente una mano abierta.

La iglesia ocupa la parte más alta del pueblo. Se sube por una calle y unas escaleras junto a las que un impertinente perro intenta sembrar la zozobra en el visitante. De regreso, una señora sale a recoger la ropa porque empieza a llover. Buenos días. Buenos días como respuesta, aunque añadiendo, “bueno, de eso de buenos días, miaja”. Es cierto.

Desde aquí se divisa una buena perspectiva del entorno. Subiendo al yacimiento de las Cías o al cercano cerro, más alto, esta imagen es todavía mejor. En cualquier caso, al fondo, la imagen del embalse se dibuja en horizontal y dos altivos torrollones lo hacen en vertical, componiendo una original imagen. La Acequia del Flumen serpentea por estos territorios, aportando con el agua una diversidad de paisaje difícil de conseguir antes de la llegada del regadío. Sin perderla de vista llegaremos a Fraella, nuestro siguiente destino de hoy.

Fraella no figura en las guías de castillos altoaragoneses, pero Pedro Blecua escribió en 1792 que “junto al pueblo hay un torreón de cantería con vestigios de castillo”. Adolfo Castán, en su libro “Huesca de la A a la Z”, editado por DIARIO DEL ALTOARAGÓN, indica que tuvo “castillo en el medievo dado por Pedro II de Aragón a Blasco Pérez de Azlor en 1278”. Ahora corren otros tiempos.

Como hay vacaciones, un padre y un hijo juegan al fútbol. Su voz es casi el único sonido perceptible en una fría mañana de diciembre, con las nubes amenazando a quien se atreve a salir a la calle.

La iglesia ocupa también una posición elevada respecto al pueblo. Es obra románica, del siglo XII según Castán. Está dedicada a San Nicolás de Bari. El interior está decorado con pinturas del siglo XVIII. Tiene una espadaña a los pies. Su breve caserío tiene las casas modificadas salvo alguna excepción, adaptadas a los gustos de sus moradores actuales.

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